¿Qué se pregunta primero, el color o la tela?
Ninguno de los dos. Lo primero es cuántas veces al mes te lo vas a poner. Suena a pregunta menor y es la que más condiciona todo lo demás; sin embargo casi nadie llega con la respuesta preparada. Un terno para tres matrimonios al año y uno que sale de casa de martes a viernes no se construyen con la misma tela, ni con el mismo forro, ni con los mismos refuerzos, aunque de lejos se parezcan bastante.
Si va a trabajar mucho, necesitas un tejido que aguante el roce y vuelva a su sitio al colgarlo. Si es para ocasiones contadas, ahí sí tiene sentido irse a algo más fino, porque no va a sufrir el maletín, el asiento del carro ni el codo apoyado en la mesa cuatro días por semana.

¿Qué hay que llevar a la primera cita?
Los zapatos. Los que vas a usar con ese terno, no unos parecidos que tengas a la mano. El largo del pantalón se marca con el zapato puesto, y dos centímetros de taco mueven el quiebre lo suficiente como para que se note en las fotos. Es el arreglo que más veces nos toca rehacer, siempre por lo mismo.
Lleva también la camisa que tengas pensada, si ya la tienes, y cualquier referencia visual que te haya gustado. Una foto en el celular dice más que diez minutos de descripción. Y si el terno es para una fecha concreta, dila al principio y no al final: la disponibilidad del tejido y el número de pruebas dependen de esa fecha, y a veces conviene cambiar de tela sencillamente porque una llega antes que la otra.
¿Qué significa el número Super de la tela?
Mide la finura del hilo, no la calidad de la prenda. Cuanto más alto, más delgada la fibra, más suave el tacto y mejor la caída; también más delicada la tela. La escala internacional lo expresa en micras, y organismos del sector como la IWTO son los que fijan cómo se mide y se declara.
De ahí que un grado alto sea excelente para el terno que se usa poco y una mala idea para el que va a la oficina todos los días. La Super 100s resiste el uso continuo; la Super 140s, de la colección Diamond, es la de gala. Ninguna es mejor, son para cosas distintas, y confundirlas cuesta caro porque el desgaste aparece al año.
Trabajamos con el muestrario de Barrington, del que somos distribuidores oficiales, y también con casas europeas como Vitale Barberis Canonico, que teje lana en Biella desde 1663. Si quieres entender qué separa un tejido de otro antes de venir, lo desarrollamos en nacional o importada: cómo decidir.
¿De qué color debería ser el primero?
Azul, y no es una preferencia estética. El azul entra en la oficina, en un matrimonio y en una entrevista sin llamar la atención en ninguno de los tres sitios. El negro es más específico de lo que la gente cree: funciona de noche y en ceremonia, y a plena luz del día, en una reunión, se lee fuera de tono.
Con un azul de microdiseño puedes cambiar de camisa y de corbata y parecer que llevas ternos distintos. Es lo más rentable que puedes hacer con una primera prenda. El razonamiento completo, con los demás colores, está en salir del negro sin equivocarse.

¿Cuántas pruebas hacen falta?
Las que necesite la prenda, y eso depende del cuerpo y del corte. No te fíes de quien te dé un número sin haberte visto: un patrón sobre medidas estándar puede quedar en una prueba y un cuerpo con hombros desiguales o espalda ancha necesita más. Lo que sí es constante es el orden: conversamos, vemos telas, tomamos medidas, el taller construye la prenda sobre tu patrón y nos volvemos a ver para ajustar la caída.
Ven sin apuro a la primera cita. Elegir bien la tela toma más rato del que la gente calcula, y es la única parte del proceso que no tiene arreglo posterior.
¿Y después de recogerlo?
Ahí empieza la otra mitad. Un terno bien hecho dura años si se cuelga, se cepilla y descansa entre usos; el gancho de alambre de la tintorería le deforma el hombro en un par de temporadas. Lo tienes todo en cómo cuidar un traje para que dure.